Estatua sedente de Kefrén

150,00

La minuciosa creación de la estatua sedente de Kefrén.

Dimensiones de la réplica: 27 cm de alto. 

Material de la réplica: piedra tallada de manera artesanal. 

Réplica realizada artesanalmente con pigmentos de la época y envejecido con pátinas naturales.

La pieza cuenta con su certificado de calidad y sello de pieza única.

Realizamos envíos a cualquier parte del mundo con nuestra empresa de transporte de confianza con total seguridad y eficacia.

 

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Descripción

Es considerada una obra maestra del arte estatuario egipcio. Una creación que continúa fascinando a los viajeros que acuden a verla en El Cairo, y cuya belleza se debe en parte a su gran conservación. La estatua sedente del faraón Kefrén, hijo de Keops, fue esculpida hace nada menos que 4.500 años, y fue realizada para ser vista de manera frontal: mide 1,68 metros de alto, 57 centímetros de ancho y 96 de largo. Unas dimensiones que no serían nada fáciles de alcanzar si se tiene en cuenta ya no la época histórica, sino también el material con el que se hizo la escultura. La obra fue esculpida en un único bloque de roca diorita, de brillante color negro y de extrema dureza.

 

Se trata, por tanto, de una de las obras más emblemáticas del Antiguo Egipto, la más sorprendente que se hizo del faraón Kefrén, aunque no la única. También destaca la, quizá, más conocida Gran Esfinge de Giza, cuyo rostro, según los expertos, pertenece al hijo de Keops, representado en este caso con cuerpo de león. En el caso de la obra sedente, se representa a un Kefén con físico perfecto: joven, atlético, vestido con un faldellín y una barba postiza, característica de su cargo. Con una media sonrisa y una mirada que se pierde en el infinito, en el carácter de la escultura destaca su esencia más poderosa.

 

Tras la cabeza del faraón, se esculpe un halcón, que representa al dios Horus, con el que se identificó siempre Kefrén, y cuyas alas se despliegan alrededor de su cabeza, simbolizando protección. Los brazos del faraón están pegados al cuerpo, con ambas manos sobre las rodillas, y el cuerpo sentado sobre un trono que aumenta su imagen de ser divino. Un asiento rematado por patas en forma de garras de león, con plantas de loto y papiro, que representan la unión del Alto y el Bajo Egipto.

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